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de Barú la falta de cooperación entre españoles y franceses. Estos últimos esperaban en La
Habana las noticias de Cartagena, en constante alerta pues se sabía de la presencia cerca de
Cartagena de los buques británicos, al mando del comodoro Charles Wager (1666 – 1743).
Esta información también la tenía en sus manos el conde de Casa Alegre, a quién
aparentemente importó más el hecho que la seguridad de su flota dependiese del antiguo jefe
de los filibusteros de Santo Domingo que la presencia de los británicos en el área caribeña del
Nuevo Reino de Nueva Granada.
El relato más consistente del combate de Barú, (8 de de junio de 1708), nos dice que, al final
de la Feria, el Capitán General conde de Casa Alegre ordenó que se llevase a cabo una
minuciosa contabilidad de los fondos recaudados, los cuales alcanzaban, sumando la suma
recaudada en el Perú por el virrey Castelldorius, a 1'551, 609 pesos. Una vez contabilizado el
tesoro, éste fue repartido y embarcado en el “San José”, el “San Joaquín” y el “Santa Cruz”.
La Flota, que constaba de dieciséis barcos, zarpó de Portobelo el 28 de mayo con rumbo a
Cartagena. En el camino se le unió otra embarcación mercante. Del conjunto, siete naves
disponían de artillería para repeler al enemigo: el “San José”, el “San Joaquín”, la “Santa
Cruz”, la fragata francesa “Sanctis Espiritus”, la urca “Nuestra Señora de la Concepción”, la
fragata francesa “La Miete” y el patache “Nuestra Señora del Carmen”.
La derrota entre Portobelo y Cartagena transcurrió sin incidentes hasta que la flota divisó la
entrada al puerto, al amparo de los cañones de la fortaleza de Boca Chica, en el archipiélago
de Baru. Allí le aguardaba el escuadrón británico de cuatro buques. No pasó mucho tiempo
para que, se desencadenara un confuso combate nocturno que se prolongó hasta el amanecer
del día siguiente. La Flota de catorce naves logró ponerse a salvo en el puerto. El “San José”
se perdió con la casi totalidad de su tripulación y el “Santa Cruz”, tras un arduo combate,
cayó en manos del enemigo. La victoria británica fue agridulce: se habían perdido los dos
buques más ricos de la que la llamaban la “Flota de la Plata”, uno hundido en combate y el
otro había escapado. El único beneficiado de este combate – el canto de cisne de los galeones
como buques de guerra – fue el comodoro Wagner, quien se hizo rico al reclamar como presa
el “Santa Cruz” y su carga.
A modo de epilogo del combate de Baru, diremos que el resto de la flota de Tierra
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