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Revista del Foro 106
esa renovación del compromiso democrático se realice en las urnas, rodeada de las
condiciones que permitan su transparencia y credibilidad, sino que se extiende a la
generación de espacios e instrumentos que permitan la reflexión constructiva sobre las
iniciativas que se encaminen a mejorar cada día el sistema democrático. ¿Pero en realidad
que ha pasado todos estos años que se han buscado las reformas polarizando los partidos y la
propia democracia? ¿Hemos dejado de ser los mismos ciudadanos tratados como menores de
edad en la política? De manera personal diría que no, y los sucesivos gobiernos han hecho
caso omiso de las grandes necesidades de reforma política en nuestro País, así el Estado paso
a ser una enorme fuente de privilegios a repartir, nuestros grandes juristas e intelectuales del
constitucionalismo no advirtieron que contamos con instituciones de control, aunque se
discute por la igualdad democrática pero idolatra al poder en todas sus formas. La clave aquí
no es controlar el poder, sino conquistar el poder por cualquier medio; hay una idea débil de
control. No tenemos —ni hemos tenido nunca— una auténtica cultura de la transparencia, a
pesar de que, como es notorio, la democracia perece detrás de las puertas cerradas. Los
ciudadanos deben poder conocer no sólo los actos generales (leyes, decretos, sentencias,
etc.) que afectan a todos; no sólo las informaciones que obren en manos de los poderes
públicos que les afecten directamente; sino también cualquier dato de interés público que no
se vea limitado por el derecho de terceros, la seguridad nacional o el orden público en
general. ¡Los ciudadanos tenemos que poder conocer dónde va cada sol de nuestro dinero
público, a qué bolsillo y en que concepto! jamás ciegos ni sordos. Tenemos que poder saber
qué decisiones adoptan los poderes públicos y por qué, y cuanta otra información relevante
esté disponible. Muchas veces por su propia naturaleza, la lógica de la actividad política se
aparta de modo radical de la lógica que prima en el derecho, particularmente en el derecho
electoral. Los sistemas políticos democráticos no pueden concebirse sin elecciones y, por
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tanto, en ausencia de un sistema electoral Por y para ello no podríamos dejar de hablar de
Democracia ni de Pueblo en sentido estricto recordando un filósofo del derecho y de la
democracia llamado Norberto Bobbio que nos dice; «la única manera de entenderse cuando
se habla de democracia [...] es considerarla caracterizada por un conjunto de reglas
(primarias o fundamentales) que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones
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