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Revista del Foro 106
inicialmente solo como una disputa entre las diversas opciones que apostaban por la
continuidad económica y política. A las pocas semanas de comenzada la campaña, temas
como la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la modificación del tipo de relación con la
gran empresa, el rol del estado en la economía, la reforma fiscal o nuestra forma de
articulación a la economía mundial se abrían espacio en la agenda electoral. Los resultados
electorales mostraron también que la fractura de nuestra sociedad tiene una visible expresión
territorial. Somos un país fragmentado entre el sur y el centro, por un lado, y Lima y el norte,
por el otro. Lima y gran parte de la costa viven de espaldas a la sierra y la selva, regiones
donde se concentra la pobreza. Se pone de manifiesto, así, la incapacidad de nuestra sociedad
para incluir a todos en una identidad y un proyecto nacional compartido. Las características
de la segunda vuelta han sido el temor y la desconfianza. Temor a una propuesta inconsistente
y precaria; desconfianza frente a un liderazgo y un partido que tuvo un desempeño
lamentable a todas luces. Es necesario hacer una nueva lectura de una realidad que no
responde a los parámetros desde los cuales se impone el modelo económico, que mina las
bases de la democracia y profundiza las brechas que impiden nuestra consolidación como
sociedad y nación. Las políticas públicas logran un impacto más directo y visible sobre los
ciudadanos, quienes intentan obtener un mayor control sobre las élites políticas apelando a
unos medios considerados, con frecuencia, como incompatibles con el mantenimiento del
orden institucional del Estado. Los sistemas de partidos institucionalizados proporcionan
una estructura a la política democrática en la arena electoral y en el poder legislativo. Los
mismos partidos son los principales competidores electorales durante un período de tiempo,
y esta permanencia genera una moderada capacidad de predicción respecto de cómo se
comportan los actores políticos y en relación con la gama de opciones de políticas. Además,
un sistema de partidos institucionalizado promueve una mayor rendición de cuentas por
parte de los líderes políticos, puesto que deben ser responsables ante su partido. ¿Finalmente,
Porque y para que la reforma electoral? La reforma electoral busca mayores niveles de
transparencia, probidad y responsabilidad de los partidos políticos, sus líderes y candidatos;
y de esa manera contribuir también a la gobernabilidad del país, aunque no siempre las leyes
electorales puedan explicar su transformación.
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