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Revista del Foro 106




         representantes más indicados para cada momento. El segundo es la búsqueda de los llamados

         “códigos de buen gobierno”, que logren convencer a la ciudadanía del adecuado y correcto
         comportamiento de sus representantes políticos y altos cargos de la administración en el

         ejercicio del poder. Se trata de un pacto de los poderes públicos con los ciudadanos, cuya
         exigencia, en su caso, se produce en los términos previstos en la ley del Gobierno y en la

         Constitución, es decir, responsabilidad política. Las reformas de la legislación que regula el
         régimen  electoral  general  encuentran  la  primera  decisión  importante  en  si  ésta  debe

         realizarse respetando la compatibilidad con lo regulado en el texto Constitucional en vigor o
         si  se  dan  las  circunstancias  políticas  de  mayorías  y  acuerdos  suficientes  que  permitan

         reformar  la  regulación  electoral  en  la  Carta  Magna  y,  seguidamente,  en  la  ley
         correspondiente.
         Lo  habitual,  salvo  raras  excepciones,  es  respetar  la  inmutabilidad  de  las  disposiciones
         constitucionales, lo que fuerza a recurrir a todos los instrumentos de interpretación para dar
         acogida a algunas propuestas, sin lograr con ello soluciones plenamente satisfactorias. Sin
         duda alguna, la elección, las elecciones y su régimen jurídico, son la principal manifestación
         que  unen  a  la  sociedad  con  el  Estado,  viene  a  ser  la  institución  central  de  la  propia
         democracia. Para una democracia el sistema electoral es el primer elemento a definir. Supone
         la  intervención  del  pueblo,  como  titular  de  la  soberanía,  en  la  designación  de  sus
         representantes, la legitimidad y la realidad de la representación sólo se podrá verificar
         cuando haya reglas que ordenan adecuadamente el derecho de sufragio y el régimen de su
         ejercicio.  A  través  de  ellas  se  acomete  la  función  de  designar  indirectamente  a  los
         gobernantes en los distintos niveles de poder: central, autonómico y local. Dado que la
         reforma electoral es producto de compromisos y consensos coyunturales entre las fuerzas
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         políticas vigentes en un país, no se puede esperar que siempre obedezca a criterios técnicos .
         Siguiendo una secuencia lógica, el debate sobre la reforma electoral incluye etapas tales
         como el análisis del sistema electoral vigente, la determinación de los objetivos de la reforma
         electoral, la definición de los elementos técnicos de la reforma y la determinación de los
         efectos probables de la reforma propuesta (Nohlen 1993). La democracia sigue siendo el
         sistema  preferido  en América  Latina  (54%  la  apoya  y  72%  considera  que  pese  a  sus
         problemas  es  el  mejor  sistema  de  gobierno  de  todos  los  conocidos,  según  datos  de
         Latinobarómetro 2007) la reforma político-electoral sigue ocupando un lugar relevante en la



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