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Revista del Foro 106
1704, título que aún ostentan sus descendientes en la actualidad.
El desafío transatlántico indiano
El sistema de flotas era la piedra de toque del modelo económico de la Monarquía Hispana, el
mercantilismo. Creado por la Real Cédula de 1561, las flotas tenían por fin llevar el tesoro de
la Corona y de los particulares a la Península desde las Indias. Se establecieron dos flotas para
esta misión, la de Tierra Firme y la de Nueva España. En líneas generales la Real Cédula
prescribía que ambas debían zarpar juntas de Sevilla – y, desde 1680, también del puerto de
Cádiz – entre los meses de febrero y setiembre, aprovechando los vientos favorables, navegar
en conserva siguiendo la ruta de la costa occidental africana hasta el archipiélago de Cabo
Verde y, desde ese punto, enfilar el Mar Caribe. En dichas aguas cada flota enrumbaba hacia
sus destinos, que eran, en el caso del Virreinato de la Nueva España, los puertos de La Habana
y Veracruz y, en el Virreinato del Perú, Cartagena de India, en Nueva Granada, y Nombre de
Dios y Portobelo, en la Audiencia de Panamá.
El esplendor del sistema de flotas fue breve, entre 1590 y 1615. A inicios del siglo XVII las
flotas estaban formadas por un mínimo de cincuenta naves de dimensiones y velámenes muy
diferentes. Posteriormente el número de buques fue reduciéndose a causa de la falta de
protección adecuada para las flotas contra los corsarios y piratas y los retrasos en la
navegación debido a los patrones atmosféricos extremos de la época, en particular entre 1645
y 1715. No obstante las flotas seguían considerándose como la columna vertebral de la
economía peninsular, a pesar de que la realidad indiana indicaba lo contrario. Cádiz y Sevilla
eran puertos de paso de la mayor parte del tesoro americano hacia las arcas reales de otros
países europeos. Los Cargadores de Indias sevillanos eran, de facto, comisionistas del
comercio extranjero hacia las Indias – teóricamente ilegal – con la aquiescencia de la Corona.
La organización general de las flotas generaba roces constantes entre los cargadores
sevillanos y sus colegas en Lima y México, así como también con la Casa de Contratación.
La razón era evidente: la falta de sustentabilidad económica de las Armadas de Indias. La
irregularidad de las flotas favoreció notablemente el contrabando y el comercio
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