Page 230 - Revista Del Foro 106 2019
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ordinario  por  consiguiente,  para  cambiar  los  primeros  sería  necesario  modificar  la
         Constitución y luego la ley electoral, y para ello es inevitable que concurran dos condiciones

         que resultan siempre muy difíciles de alcanzar. y por otra, porque la ley electoral, en sus
         aspectos sustantivos, representa el conjunto de reglas por las que se rige el juego político, lo
         que viene a significar que su modificación sólo puede llevarse a cabo mediante un pacto en el
         que participen todos o casi todos los actores que van a participar en ese juego.



         Antecedentes


         En nuestro País las reformas estructurales de gobierno, democracia, Estado o institucionales
         jamás se perdieron en las ideas de quienes detentaron el poder en algún modo, ahora bien,
         históricamente  como  nos  decía  Ortega  y  Gasset  “El  hombre  no  tiene  naturaleza  sino

         Historia” nos parece oportuno que nos remontemos brevemente al desarrollo del sistema
         electoral peruano desde sus bases; siempre las ciudades cumplieron un papel muy importante
         en la política, éstas fueron los centros de la organización, de la campaña y de la lucha por el

         poder si nos restringimos a las organizaciones con fines políticos podemos dividir el siglo
         XIX en dos, una primera etapa que va de 1827 hasta 1851; y una segunda, entre 1851 y 1879.
         Los partidos políticos comienzan a aparecer en la década de 1870. El primero de la escena es
         el Partido Civil, que nace de la Sociedad de Independencia Electoral donde la normativa
         electoral fue por lo general muy abierta indicando, por ejemplo, que se requería saber leer y

         escribir para tener derecho a votar pero que a la población indígena se le exceptuara por
         veinte años de ese derecho hasta que se hubiera «desarrollado» en función del alfabetismo y
         formación educativa en las escuelas. Creo que para nadie es un secreto que lo que ha

         predominado en nuestro país es la verticalidad en el ejercicio de la política y en la toma de
         decisiones, cuando lo que caracteriza a una sociedad auténticamente democrática no es solo
         la existencia de mecanismos formales de representación, sino la capacidad y la posibilidad
         efectiva  de  que  las  organizaciones  sociales  influyan  en  el  gobierno  a  través  de  sus
         representantes  la experiencia de la democracia sigue siendo débil y precaria en el Perú, no es

         posible hablar de una continuidad o de acumulación y aprendizaje, ni en las élites ni en los
         ciudadanos. La distancia entre ambos existe en toda sociedad y esta es muy grande incluso en
         el Perú de hoy, aun a pesar de que el artículo 31 de la actual Constitución señala el derecho de

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