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Revista del Foro 106
la necesidad, es luego ordenado y clasificado de acuerdo a diversos criterios, así como
sometido posteriormente a revisiones y cuestionamientos. El cuerpo resultante, llamado
teoría, es llevado a la práctica, a atender necesidades, al empleo en la realidad, enfrentando a
las vicisitudes de esta; generándose nueva información que retorna a manera de un perpetuo
efecto retroinformador. Quizá sea mejor hablar de ciencia en forma dinámica. La ciencia es
el producto de la suma, estudio, aplicación y mutua renovación de la teoría y de la práctica.
El avance a través de dicha ruta dialéctica, impone como requisito llevar la teoría a
la práctica, y generada una nueva teoría llevar nuevamente ésta a la práctica, una y otra vez.
En este camino sin fin, la ciencia ensaya a diario, a cada momento, una de sus principales
características. La ciencia puede ser generada, administrada o aplicada por un sujeto, por
una familia, por una empresa, por un gobierno, etc., pero en cualquier caso, lleva en su
esencia la necesidad de ser transmitida. La ciencia se muestra intersubjetiva dentro de la
sociedad y, por lo mismo, constituye un fenómeno social de su tiempo, de cada tiempo, de
todo tiempo.
Entonces, entre las acciones que permiten el avance de la ciencia se encuentra la
práctica de la misma, su aplicación en sociedad a situaciones y problemas reales. Dicha
aplicación no es directa, o mejor dicho logra serlo, pero para ello requiere el auxilio de otro
concreto producto de la misma ciencia y de la misma dinámica, a su vez sujeto a sucesivas
innovaciones. Nos referimos a la tecnología. Siempre hubo tecnología. Desde sus primeros
pasos, la ciencia marcó su avance a partir de la puesta en práctica de su información y de la
retroinformación que le brindó dicha práctica, pero para ello la tecnología era
imprescindible. El desarrollo de mejores patrones de trabajo lítico para buscar raíces o
defenderse de animales, así como el control y empleo del fuego, fueron sin duda dos
revolucionarios aportes tecnológicos que incidieron en el ser humano. Transcurridos los
milenios, podemos afirmar algo similar acerca de la polea, de la rueda, de la escritura, de la
pólvora, de la imprenta, de la electricidad, etc., cada una con innegables e inmensos aportes
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a la sociedad. En nuestros tiempos, destaca la red internet.
Pero vayamos por partes. Dentro del proceso antes descrito, toda tecnología,
finalmente, constituye la expresión de la voluntad humana, pues con ella el ser humano
busca ampliar su poder, su control por sobre las circunstancias que lo rodean (naturaleza,
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