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Revista del Foro 106



          Esta sociedad que hasta el día de hoy se ha híper transformado, en prácticas de consumo

         predatorio, y a veces desaforado ha convertido al comercio en un pilar para la generación de
         riqueza por ello, la publicidad y la forma en que se trata la consumidor es hoy un objetivo
         prioritario que ha tenido toda serie de modificaciones y regulaciones, debido a su carácter
         engañoso y desinformatorio. En esta sociedad de consumo, el consumidor se vuelve un

         sujeto de especial atención ya que se expande no solo a seres humanos sino a personas
         jurídicas  que  en  esas  infinitas  relaciones  contractuales  se  ven  expuestos  a  amenazas  y
         tendencias que agreden sus derechos.



          Como lo describe (Carrasco Rosa, 2007): “Es una sociedad que necesita más consumidores
          que trabajadores, de donde deriva también la ascendente importancia de las industrias del
          ocio, que explotan el creciente tiempo libre de los ciudadanos. Desde esta óptica mercantil y
          despersonalizada, los sujetos tienden a dejar de ser vistos como individuos, para pasar a ser

          meras funciones sociales, tanto a efectos de su utilización como a efectos estadísticos, con
          finalidad política (electoral) o comercial (consumo)”.


         Como lo describe (Carosio, 2008): “La sociedad de consumo se basa en la utilización de

         sofisticadas y académicas técnicas de persuasión, capitalizadas para lograr la influencia en el
         público y determinar sus elecciones. La publicidad no vende autos, champú, licuadoras,
         hornos, casas, cervezas, gaseosas, etc.; lo que vende es estatus, prestigio, estilos de vida. El
         discurso  publicitario,  rico  en  imágenes  visuales,  promete  felicidad,  eterna  juventud,
         aventuras, conquistas”.



          Es en medio de estas dinámicas en donde el markenting se ha transformado en markenting
          emocional, en donde se pretende producir sentimientos y respuestas afectivas que resulten en

          operaciones y transacciones. Para  (Bell, 1977) "la satisfacción del impulso como modo de
          conducta, se ha convertido en el modelo de la imago cultural" (34).


         Por ende, esta sociedad de consumo ha sido permeada por realidades económicas, culturales
         y jurídicas, el género como un tema novedoso se hace presente en que el derecho consumo no
         es  ajeno  a  esta  situación,  por  ello  es  menester  dar  unas  nociones  jurídicas  de  lo




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