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Revista del Foro 106



          Después de haber cometido actos violentos, el agresor tiende a pedir perdón mostrándose
          arrepentido y aquí suele aparecer la frase el “no lo volveré a hacer”, se muestra amable y hasta

          cariñoso, por lo que la mujer lo perdona y vuelve a creer frente a este comportamiento se deja
          sin efecto alguna denuncia hecha ante él.


          Debido a que la intensidad de la violencia continúa, puede ser hasta por muchos años, en la

          que todo va empeorando, en algunos casos más extremos termina cuando uno de los dos
          muere, aquí es donde aparece los feminicidios muy escuchados en estos tiempos o quizás
          suicidios al ya no aguantar más el problema, lamentablemente las cifras aún son elevadas y
          preocupantes. Algunas callan, esto es, por vergüenza o porque piensan que todo va a cambiar

          para bien, en otros casos hasta ignoran que son víctimas de abuso, posteriormente depende
          del nivel de dominación y/o subordinación en la que está sumida para que justifique o no
          dicho acto como quizás que “el hombre está muy estresado en el trabajo” o que de repente
          este “no lo va a volver a hacer” o “pronto va a cambiar”, pero igual todo se repite.



          Como bien hemos podido observar, el fenómeno de la violencia no puede ser comprendido
          solamente dentro del marco familiar y como un mero producto de las interacciones que se
          dan en ella. La situación tiene una historia que viene preparándose desde antes de formar el

          vínculo matrimonial y que depende de la formación, la educación, la ideología acerca del
          género masculino y femenino que recibió cada individuo. Son problemáticas individuales
          que luego se sintonizan en el encuentro amoroso, produciéndose, entonces, un acoplamiento
          entre la mujer preparada para la sumisión y el hombre preparado para el dominio. Esto entre

          otras cosas indica que la recuperación debe ser individual en primera instancia, para que la
          mujer se sobreponga a su rol desvalorizado y para que el hombre rehabilite su conducta
          violenta, aprendiendo otras respuestas a las situaciones que le plantean.



          Por otro lado, para evitar el desarrollo del género basado en estereotipos que están en sintonía
          con la emergencia de conductas violentas, es necesario que la sociedad abogue por construir
          un nuevo concepto de masculinidad que no esté unido a la fuerza y a la agresividad. Se trata
          pues de interiorizar estereotipos y prejuicios sexistas para evitar la violencia de género y

          construir así un nuevo modo de ver y comprender la realidad.

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